Algunos errores más comunes al imprimir lonas y vinilos, y como corregirlos
En artes gráficas, una lona o un vinilo no se “imprime y ya”. Entre la elección del material, la preparación del archivo, el ajuste de la máquina y el acabado, hay decenas de puntos donde se puede perder tiempo, dinero… y reputación. La buena noticia es que la mayoría de fallos se repiten una y otra vez, y casi siempre tienen solución si atacas la causa real, no el síntoma.
A continuación tienes los errores más habituales al imprimir lona frontlit/backlit, lona mesh, vinilos monoméricos/poliméricos/fundidos, vinilos para suelo o pared, y cómo corregirlos con mentalidad de taller profesional.
1) Archivos mal preparados: el origen de muchos “desastres”
Síntomas típicos: pixelado, textos “blandos”, negros lavados, colores inesperados, cortes fuera de sitio.
Por qué ocurre: resolución insuficiente, escalados a última hora, perfiles de color mal gestionados, PDFs con transparencias o fuentes sin trazar.
Cómo corregirlo:
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Trabaja con una regla sencilla: 100–150 ppp a tamaño real suele ser suficiente para gran formato; para distancias cortas (mostrador, vinilo de interior) sube a 200–300 ppp.
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Exporta en PDF/X cuando sea posible y convierte textos a trazados si el flujo de trabajo lo requiere.
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Evita transparencias “raras” y efectos no acoplados: aplana si tu RIP lo gestiona mejor.
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Define un estándar interno: plantilla, sangrado, margen de seguridad, capas de corte y marcas. Cuando el taller tiene método, se reduce el error humano.
2) Colores que no coinciden: “en pantalla se veía perfecto…”
Síntomas típicos: banding de color, tonos apagados, rojos que salen anaranjados, negros poco profundos.
Por qué ocurre: falta de calibración, perfiles ICC incorrectos, modo RGB sin conversión controlada, tinta y material no compatibles con el perfil activo.
Cómo corregirlo:
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Mantén una rutina tradicional (la que nunca falla): calibración y linealización periódica del equipo, y perfiles por material/uso.
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No mezcles perfiles “genéricos” con materiales especiales. Un vinilo con un acabado concreto puede cambiar el color más de lo que parece.
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Para negros sólidos en lonas y vinilos, revisa el negro enriquecido según tu RIP y tu experiencia (y evita saturar si el material no lo soporta).
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Si el cliente exige exactitud, trabaja con muestras impresas y aprueba antes de producir.
3) Mala elección de material: el error caro que nadie quiere admitir
Síntomas típicos: el vinilo se despega, se encoge, se cuartea, hace “orejas”; la lona ondula; el backlight no difunde uniforme.
Por qué ocurre: elegir por precio y no por aplicación: exterior vs interior, superficie curva, duración, tipo de adhesivo, retroiluminación, humedad.
Cómo corregirlo:
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Para escaparates de corta duración: removible o monomérico si el contexto lo permite.
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Para exterior y durabilidad: polimérico (planos) o fundido (curvas, vehículos, exigencia).
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Para retroiluminación: backlit real, no “cualquier lona blanca”. La difusión uniforme se nota.
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Para viento: mesh donde toca, y refuerzos correctos. La física no perdona.
4) Secado insuficiente y laminación prematura: el clásico “me corre la tinta”
Síntomas típicos: burbujas al laminar, efecto plateado (silvering), adhesivo que no agarra bien, manchas o “arrastre” al manipular.
Por qué ocurre: no respetar tiempos de curado/evaporación según tinta (eco-solvente, UV, látex), temperatura y humedad del taller.
Cómo corregirlo:
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Establece un protocolo: imprimir → reposar/curar → laminar → cortar → aplicar.
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Ajusta entorno: ventilación, humedad controlada, y almacenamiento plano/vertical según material.
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En laminación, regula tensión y presión, y usa consumible adecuado (micras y tipo de adhesivo) para evitar marcas y plata.
5) Bandas, rayas y “banding”: cuando la máquina pide atención
Síntomas típicos: líneas horizontales, franjas, saltos en degradados, textura irregular.
Por qué ocurre: boquillas sucias, alineación incorrecta, velocidad demasiado alta, pasadas insuficientes, material mal cargado o con tensión irregular.
Cómo corregirlo:
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Limpieza y test de inyectores: lo de siempre, pero bien hecho y con regularidad.
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Baja un punto la velocidad y sube pasadas cuando el trabajo lo exige (cartelería premium, interior cercano).
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Revisa el avance del material y la tensión del rollo: muchas “rayas misteriosas” vienen del arrastre.
6) Problemas de corte: contornos desplazados y registros imposibles
Síntomas típicos: el corte se va, no coincide con la impresión, esquinas “mordidas”, piezas que no encajan.
Por qué ocurre: marcas de registro mal generadas, calibración de cámara/lector, material que se deforma, laminado que cambia lectura, o exceso de velocidad.
Cómo corregirlo:
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Genera contornos limpios y marcas compatibles con tu sistema.
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Calibra lector/cámara por material y, si laminas, calibra con el laminado puesto.
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Reduce velocidad en trabajos finos y deja margen de seguridad real.Cierre: menos improvisación, más método
En artes gráficas, la diferencia entre un taller que “va tirando” y uno que crece está en el método: archivos bien preparados, perfiles por material, tiempos de curado respetados y control de máquina.













